Mi historia

Nací en Bello, Colombia — la cual su nombre significa “hermoso” — Bello fue declarada uno de las 10 ciudades más peligrosas del mundo en el año 1995. Yo me gradué como psicóloga en Colombia en el año 1992.

En la ceremonia de graduación en Medellín, tuve el privilegio de ofrecer el discurso de graduación ese día. En ese discurso dije que como psicólogos estábamos invitados y que éramos todos responsables de descubrir todas las dimensiones y conexiones humanas para ayudar a otros a alcanzar salud, amor, paz, calma y felicidad.

Sin embargo, debido a la violencia colombiana, se presentaron obstáculos trágicos que impedían que nuestra gente alcanzara sus objetivos de vida. Como tal, declaré que mis colegas psicólogos y yo íbamos a trabajar por la salud mental de Bello y por reducir la violencia.

Después del asesinato del rey de la droga Pablo Escobar en 1993, el la situación empeoró en Medellín haciendo que las estadísticas de criminalidad en nuestro país fueran las peores en la historia de Colombia.

En ese momento sentí que no podía simplemente colgar mi diploma en la pared y sentarme detrás de un escritorio a hablar con un paciente; en vez de esto, salí a las calles de Bello/Medellín para ver cómo podía abordar el problema más grande, la violencia, la inconsciencia y el deseo de muerte.

Los jóvenes que encontré en las calles se abrieron a mí con sus historias y hablaron sobre cómo la vida no significaba nada para ellos —vida de aquellos a quienes los hombres “importantes” les exigieron matar a otros por fajos de billetes y les proporcionaran “buenas” armas de fuego.

En el año 1997, fui secuestrada por la guerrilla colombiana. Fueron las 12 horas más largas de mi vida. Al darme cuenta de que estaba a punto de morir, se hizo real para mí que solo tenía ese momento de vida, aprendi que mi chispa de vida podia acabar ahi en un segundo con un disparo a mi Cabeza. Aprendí que el mañana no existe y que el poder y las conexiones profesionales no podían venir a salvarme. Yo sabía que mi chispa de vida terminaría cuando los guerrilleros decidieran dispararme. Ya no era dueña de mi vida y aprendí que la vida es un privilegio, que puede durar un minuto, una hora o 120 años.

Desde ese momento he aprendido a atesorar cada minuto como una chispa única de vida
— Ese momento cercano de muerte me ayudó a enfocarme en lo que amo y en lo que me hace realmente feliz.
Como resultado de esta chispa, desarrollé un proyecto en 1998 para transformar a estos jóvenes matones de la calle:

Llamé a este proyecto, Descontaminación Visual Humana, y convencí al gobierno colombiano para que lo respaldara. El programa de Descontaminación Visual Humana les ofreció una oportunidad a jóvenes violentos a transformar sus vidas. Ellos se sintieron como si no tuvieran opciones en la vida, pero este programa les dio una opción y una posibilidad de una vida mejor.

Llevamos a Israél a algunos jóvenes envueltos en la violencia colombiana dispuestos a cambiar, allí pasaron por un intenso programa de auto-consciencia de Descontaminación Visual Humana. Aprendieron que había una alternativa diferente a asesinar por dinero. El programa también brindó capacitaciones de liderazgo que les permitió a estos jóvenes regresar a Colombia como líderes de paz e influenciar a más de 500 jóvenes adultos.

La tasa de homicidios en Bello se redujo en un 30% como resultado de este programa. El proyecto fue reconocido por el gobierno colombiano como la intervención juvenil mas creativa y efectiva en el país en el 2000.

El éxito del programa, sin embargo, llamó la atención de los hombres “importantes” que controlaban la ciudad, irritándolos y frustrándolos. Recibí una llamada telefónica diciendo que me querían con vida, pero no en Colombia.

Con esa amenaza huí a los suburbios de la ciudad de Nueva York en el año 2000. Desde entonces mis viajes de regreso mantuvieron viva la llama entre los trabajadores originales del programa y sus participantes. Mientras tanto, yo continúo difundiendo el éxito del programa en conferencias en España, Israel, Estados Unidos y Colombia.

Me siento orgullosa de haber podido intervenir con estos jóvenes en Colombia, de haberlos ayudado a encontrar su su propia chispa sin matar la del otro, orgullosa de que a ellos pudieron cambiar su visión de si mismos y de los demás- que son seres humanos hermosos.

Mi pasión es ayudar a otros a encontrar su propia chispa en el mundo! Las personas no necesitan estar cerca de la muerte para valorar quienes son y descubrir todo el potencial que tienen dentro. Tienes una chispa dentro de ti, enciende tu llama ahora.